Hola amigos,
siento interrumpir vuestras tranquilas existencias estivales, sabiendo que la mayor parte de vosotros os encontráis disfrutando de unas, por qué no, merecidas vacaciones.
Algunos las aprovecháis en este momento fuera de vuestra patria, lejos de aquí, Chus y Rosa recorriendo tierras búlgaras, Marta en Newquay, pueblo costero inglés donde se precie, Cristina en Melilla, más cerca de África que del corazón de la piel de toro que la ha visto crecer...
Y también, por supuesto, estáis aquellos que os relajais en la tranquilidad de vuestros pueblos, que retozáis gozosos por montes ibéricos o que a la Bartola os tiráis somnolientos en cualquiera de las costas españolas...
Pero tenéis que saber que aquí en Madrid, en esta jungla de asfalto solitaria y cruel, un ser vivo no se encuentra en la misma situación que vosotros.
Y este ser vivo lo pasa mal. Y este ser vivo sufre. Esta criatura no ha tenido vuestra suerte y así, en pleno mes de agosto, ha de madrugar y acudir a diario a un trabajo esclavizante y ruin. Él no tiene vacaciones como vosotros, y su vida no es ni por asomo tan fácil como las vuestras.
Lo sé, creedme. ¡Lo sé porque sufro sus quejas continuas día a día, aquí, en Madrid! Por eso os digo: ¡No lo abandonéis! ¡Por favor! ¡Llevadlo con vosotros, apuntadle a un campamento de verano, llevadlo de cañas por la latina o a la Alpujarra, pero por favor, no lo abandonéis, el nunca lo haría!

PD. Cabe en una maleta